No conozco un solo fan de Springsteen que no diga que Bruce es la banda sonora de su vida. Yo no voy a ser menos, tengo tantas razones, como seguramente cualquier fan, para creérmelo
Una de las muchas razones es esta:
Tío Antonio: Sin retirada, sin rendición
Conocí a Toni en el verano de 2004, aunque llevábamos varios años manteniendo un contacto casi diario a través de Internet, gracias a un foro y un chat sobre Bruce Springsteen donde con la excusa de la música terminábamos robándole horas al sueño para hablar de cualquier cosa. Fue ese verano cuando, tras terminar la carrera de Periodismo, viajé por primera vez a Nueva York. Toni vivía allí y me alojó gratuitamente en su piso sótano de Jersey City durante todo el verano para que yo estudiara inglés y viviese la mejor experiencia de mi vida. No es este el sitio para explicar cómo esos tres meses, bajo el apadrinamiento de Toni, con su hospitalidad, su cariño, sus consejos y su asombrosa capacidad para despertar ilusiones y transmitir una poderosa confianza para pelear por los sueños, cambiaron para siempre mi vida. Pero sin ese verano no creo que se pueda explicar Tío Antonio, la ONG que lleva el nombre de Toni y hace más de tres años fundamos mis amigos Fernando Goy, Miguel Fernández y yo para ayudar a la impresionante y necesaria labor de Toni en Nicaragua.
Dice uno de los versos de Springsteen más conocidos que “no puedes empezar un fuego sin una chispa”. Siempre he creído que en ese verano se encendió la chispa en la vida de Toni. Si bien es cierto que, como todo adolescente camino del mundo adulto, yo andaba buscando un horizonte vital en el que creer y desarrollarme, también lo es que Toni, 15 años mayor que yo, andaba buscando algo parecido con la diferencia de los golpes que ya le había dado la vida y los desengaños que ya había sufrido. Pero andaba buscando algo y necesitaba encontrarlo. Al igual que yo vi en él a un hermano mayor del que aprendí cosas y tomé como modelo, creo que él debió ver en mí a un hermano pequeño al que socorrer siempre que lo necesitase, con el que desvivirse por su simple bienestar, al que ayudar para que fuese feliz y alcanzase sus metas. Ese verano la chispa saltó con suficiente fuerza cómo para encender el fuego en su espíritu. De vuelta ya en Madrid, un día me escribió un correo electrónico y me dijo que dejaba Nueva York y se iba a algún país de Latinoamérica a montar un negocio con el dinero ahorrado. En realidad, su cruzada era mucho mayor, pero ni él ni yo nos atrevíamos a decirlo.
Recuerdo como si fuera hoy cuando, meses después, me llamó desde Granada, un lugar que se me antojaba perdido y remoto en mitad de la selva nicaragüense. Una tormenta tropical le había obligado a permanecer allí durante días en mitad de su periplo y me contó que se topó con unos niños que terminaron por robarle el corazón. “He conocido unos chavales que hacen que salga el sol en mitad de esta tormenta”, me dijo. Por el tono emocionado de sus palabras, sentí que esa lluvia transportaba consigo algún presagio. Muchos días después, tal vez semanas, me volvió a llamar para decirme que se quedaba en Nicaragua, después de conseguir que la familia y los amigos de Cano, un chaval muy introvertido que no abría la boca, supiesen que no era retrasado sino sordo de nacimiento. Tan sólo bastaba una simple prueba médica que nadie le había hecho por falta de medios y conocimiento.
Toni se instaló en Granada, montó un pequeño negocio y empezó a ayudar en la educación de esos niños (algunos de ellos trabajaban en fábricas de zapatos) al tiempo que conocía de primera mano los desbarajustes y descosidos de aquella comunidad. Lo que comenzó como una labor de ayuda a un reducido grupo poco a poco se fue convirtiendo en una tarea titánica con más niños y familias. Fue entonces cuando apareció Fernando Goy, amigo de Toni desde se apuntó al viaje organizado por Pointblank para aquella memorable gira del año 2000 en la que Springsteen y la E Street Band tocaron hasta diez noches seguidas en el Madison Square Garden. Fernando, que visitaba un par de veces al año Nicaragua, entendió que había que organizar una asociación o algo similar para ayudar a Toni en su inmensa labor. Básicamente, entendió que había que dar forma a un proyecto que fuera más allá de la persona de Toni por si este algún día faltaba o estaba, como sucedía en ocasiones, sobrepasado en su tarea de ayudar. Y así se hizo.
Fernando y Miguel eran amigos desde hacía muchos años gracias también a su pasión por la música de Springsteen y yo los conocí a ambos como había conocido a Toni: a través del foro y chat musicales. Bajo la dirección de Fernando, Miguel y yo ayudamos a crear una sencilla ONG, llamada Centro Social Tío Antonio, que hoy da atención social y cobertura educativa y sanitaria a decenas de niños y mujeres, además de fomentar el empleo local con un taller de hamacas. Son tantas las cosas que se hacen que lo mejor es acudir a la web de la ONG y conocer sus diferentes áreas de actuación. Fernando coordina todo desde Madrid mientras Toni se levanta cada día, entre voluntarios y amigos, para, como dice él, “sobrevivir con los niños que me dan toda la vida”. Es difícil de explicar pero, sinceramente, yo creo que se la han salvado. Y él a ellos.
La música de Bruce Springsteen siempre ha sido un hilo conductor de la vida de muchas personas. En el caso de Tío Antonio, nuestra pequeña ONG, se podría decir que es su detonante, su filosofía de vida. Cuando conocí a Toni a través de ese chat y ese foro sobre Bruce se hacía llamar Surren. Su apodo venía de la canción No Surrender. Todavía hoy, pese a la cercanía y la inquebrantable amistad, le llamo más veces Surren que Toni. Porque vive como reza la canción: “Sin retirada, sin rendición”. Porque Surren vive desde hace tiempo con una promesa que defender y ha hecho suyo un sitio con tambores y guitarras imaginarias. Y su cruzada puede ser también un poco, humildemente, nuestra cruzada. El día que dejé Nueva York aquel verano le dije entre lágrimas: “Sin retirada, sin rendición”. El día que supo que Tío Antonio se había creado oficialmente me dijo: “Ahora más que nunca: sin retirada, hermano, sin rendición”. Y en esas estamos, creyendo que la guerra que afuera está bramando sí es asunto nuestro ganarla.
Fernando Navarro, periodista de El País
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